miércoles, 24 de noviembre de 2010

FUJIMORI, EL NEO LIBERALISMO Y EL PROGRESO PERUANO (1990-1995) (*)

En febrero de 1988, el ML formó un frente democrático con Acción Popular (AP) y el Partido Popular Cristiano (PPC) bajo el nombre de FREDEMO, el candidato del FREDEMO creía que en la década de 1990 el Perú estaba listo para una “gran transformación” conservadora”, similar a la que había tenido lugar en el mundo angloamericano en la década de 1980. Los lineamientos de esta transformación fueron detallados en diciembre de 1989 por Vargas Llosa, en términos inusualmente específicos para un candidato, en un discurso que leyó ante un foro para candidatos presidenciales auspiciado por la principal asociación de ejecutivos del Perú.

Un duro programa de estabilización de tipo fondo-monetario para reducir la tasa de inflación astronómica y prometió reinsertar el país en la economía internacional. Se liberalizaría el comercio, se reiniciaría el pago total de la deuda, se estimularía la inversión extranjera, las empresas estatales serían privatizadas, los controles de precios y los subsidios se eliminarían, se transformaría la estructura tributaria y se derogarían las leyes que garantizaban la estabilidad laboral a los trabajadores. Haciéndose eco de Thatcher pedía una desregulación total del Estado y la construcción de una economía de mercado libre.

La reacción general de la opinión pública al programa fue negativa. Asustó no solamente a mayorías pobres, sino también a segmentos de las clases empresariales y medias que veían con recelo que se pusiera fin a los sistemas estatista y mercantilista con que muchos de ellos se habían beneficiado en el pasado.

Fujimori primero intentó conseguir un puesto en la lista de senadores de la Izquierda Socialista (IS) de Barrantes para las elecciones de 1990. Al no tener éxito, organizó un partido político llamado Cambio 90, conformado por profesionales independientes y pequeños empresarios, muchos de los cuales eran protestantes evangélicos. Los evangelistas constituían apenas el cinco por ciento de la población peruana pero tenían el cuarenta por ciento del naciente partido, y llevaron a él sus técnicas misioneras de proselitismo casa por casa.

El fracaso de izquierda podía atribuirse no solamente a su división, sino al hecho de que su enfoque clasista había ignorado virtualmente los cambios sociales de los últimos quince años, que habían dado origen al nuevo e importante estrato de los informales. Para muchos activistas de la izquierda, este sector representaba una pequeña burguesía que oscilaba impredeciblemente en forma reaccionaria o progresista, dependiendo de las circunstancias.


En cuanto al voto parlamentario, los candidatos de FREDEMO lograron ganar un tercio de los curules en ambas cámaras del congreso, en tanto que el APRA obtuvo una cifra ligeramente menor de un tercio. De otro lado, la campaña de Cambio 90 de Fujimori ganó menos de una quinta parte de los curules del Congreso. En consecuencia, si Fujimori ganaba la segunda vuelta, como parecía probable, se enfrentaba a un problema de entrampamiento en el Congreso, circunstancia en modo alguno prometedora para la incipiente democracia peruana.

Fujimori rechazó una propuesta de Vargas Llosa para formar un gobierno de coalición mayoritario y así evitar la segunda vuelta. Vargas Llosa intentó suavizar su programa de estabilización pero el daño ya estaba hecho, en tanto que Fujimori seguía proyectando una imagen moderada y pragmática.

Al asumir la presidencia en julio de 1990, Fujimori declaró haber heredado un “desastre”. Hernando de Soto, ahora un cercano asesor, enfatizó esto: “Esta sociedad está colapsando…No se respeta al estado, el congreso, las leyes, el sistema judicial, ni siquiera los semáforos. Nada funciona aquí.

Unas cuantas semanas después de asumir el poder decretó un paquete de estabilización ortodoxo realmente draconiano, mucho más duro que cualquier otro que Vargas Llosa hubiese contemplado. Atacando la inflación desbocada, el gobierno cortó los subsidios de los precios y el gasto social, y aumentó las tasas de interés y los impuestos. Por ejemplo, el precio de la gasolina subió tres mil por ciento, en tanto que el de la mayoría de los alimentos creció quinientos por ciento. La tarifa del agua se octuplicó y la de la electricidad subió cinco veces, le siguió en febrero de 1991, una serie de medidas diseñadas para reestructurar la economía. Ellas incluían el inicio de la privatización, la desregulación de los mercados laboral y financiero, reformas tributarias y arancelarias, incentivos a la inversión y la descentralización de algunos servicios sociales. Fujimori comenzó a pagar mensualmente a las instituciones financieras internacionales. En general, entre 1990 y 1992, el ingreso real de los peruanos cayó en una tercera parte, el cincuenta y cuatro por ciento de toda la población peruana vivía en la pobreza.

Al comentar el impacto del “fujishock” un economista señaló que era “como efectuar cirugía al corazón, el estómago, el riñón y los pulmones todo al mismo tiempo, en un paciente que no ha comido en tres años”.



La única ganancia tangible fue la reducción de la hiperinflación, que descendió estrepitosamente de 7,650 por ciento a un estimado de cincuenta y cinco por ciento a finales de 1992. No obstante el severo tratamiento de shock del gobierno y su impacto material negativo en la mayoría de la población, la popularidad de Fujimori, medida con las encuestas de opinión pública, siguió siendo alta. Perú se convirtió en un “ejemplo paradigmático” de lo que O’Donnell llamó una “democracia delegativa”, esto significaba que el pueblo había elegido a Fujimori para que efectuara en su nombre cualquier medida que él consideraba de interés nacional, a pesar de las promesas que hubiese hecho en el calor de la campaña. Para Cameron, el anhelo que los peruanos tenían de una autoridad política y de una estabilidad económica era tan grande que el pueblo aceptaba cualquier medida que el nuevo presidente tomara para resolver la crisis.

Gracias a la aprobación pública continuamente alta, la tradicional luna de miel política postelectoral  y a la coincidencia general del FREDEMO con un paquete de estabilización y objetivos económicos neoliberales, el Congreso delegó al nuevo presidente la autoridad para que impulsara su programa emitiendo decretos leyes. Al mismo tiempo, desde el inicio mismo de su régimen, Fujimori había establecido un pacto crucial con las sumamente importantes fuerzas armadas, que se convertirían en la principal base institucional del nuevo gobierno, el presidente escogió como su principal asesor en asuntos militares a Vladimiro Montesinos, un oscuro abogado y ex-capitán del ejército con un pasado siniestro, pero con un excelente conocimiento de quien era quién en las fuerzas armadas. Pasado el retiro supuestamente por haber entregado información a los Estados Unidos, Montesinos defendió a Fujimori de los cargos de evasión tributaria y se especializaba en la defensa de narcotraficantes. La primera medida tomada por Fujimori para consolidar su control sobre los militares llegó el día de su inauguración presidencial, cuando reemplazó a los comandantes en jefe de la marina y la aviación.

En adelante, los ascensos y pases al retiro se basarían, no en el mérito profesional, sino en la lealtad a Fujimori y Hermoza Ríos, Montesinos, también ganó el control del Servicio de Inteligencia Nacional, que según Obando (1996) usó no sólo para perseguir subversivos, sino también para ejercer vigilancia sobre los grupos de oposición.

Contando con el respaldo militar y un Congreso momentáneo dócil, Fujimori pudo promulgar una serie de decretos leyes que liberalizaban la economía, estimulaban la inversión extranjera, cortaban el gasto estatal y reducían los aranceles. Para combatir a Sendero Luminoso, autorizó la creación de patrullas de defensa civiles, o rondas, tanto en las ciudades como en el campo.


El ejército adoptó una política de asesinato selectivo de los sospechosos de ser senderistas, en lugar de las matanzas indiscriminadas que habían marcado el método de la “guerra sucia” durante buena parte de la década de 1980. Reemplazando sabiamente en sus operaciones de contrainsurgencia a los reclutas costeños racialmente sesgados por otros quechua-hablantes y con antecedentes campesinos, el ejército mejoró las relaciones con los aldeanos, fraternizando con ellos en las fiestas comunales, distribuyendo alimentos y herramientas, y apoyándolos en los proyectos de desarrollo.

El flujo de dólares de los traficantes colombianos llegaba al mercado de cambio informal en Lima, donde los compraba el Banco Central para ayudar a pagar la inmensa deuda externa peruana. Al comienzo Fujimori vaciló en firmar un acuerdo con los Estados Unidos para librar esta guerra. Sin embargo, luego de prolongadas negociaciones, ambos lados llegaron finalmente a un acuerdo en mayo de 1991. El paquete de ayuda subsiguiente sumó $60 millones, el grueso del mismo para asistencia militar, asignándose apenas el dos por ciento a proyectos de desarrollo alternativo. Sin embargo, la mayor parte del esfuerzo militar peruano se dirigió a la lucha contra el terrorismo de Sendero Luminoso.

A finales de 1991, las tensiones entre el Congreso y el ejecutivo comenzaron a incrementarse. En noviembre, Fujimori emitió una avalancha de 120 decretos leyes justo antes de que expiraran los poderes que le había concedido el Parlamento. Buscando liberalizar la economía y reestructurar el Estado, muchos de ellos comprendían temas controvertidos y excedían la autorización dada por el Congreso. Por ejemplo, uno modificaba la ley de reforma agraria de 1969, retirando las restricciones a la venta de tierras y al funcionamiento de las empresas agrícolas. Otro, al que Fujimori llamó de “flexibilización laboral”, alteraba la legislación existente que reglamentaba los derechos de los trabajadores a organizarse, a entrar en huelga y a la estabilidad laboral. El presidente creó tribunales militares para juzgar a los sospechosos de terrorismo. Asimismo, decretó que los integrantes de las fuerzas armadas no podían ser juzgados en los tribunales civiles por violaciones contra los derechos humanos, concediendo así virtualmente la inmunidad a sus integrantes.


En medio de una situación de deterioro constante, Fujimori conmocionó nuevamente al país al efectuar un autogolpe el 5 de abril de 1992. Poniendo fin a doce años de gobierno democrático, el presidente suspendió la constitución, cerró al Congreso y ordenó el arresto de varios dirigentes opositores. Con el respaldo de los empresarios y de los jefes militares anunció la creación de un “Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional”.

Detrás de su medida también había motivaciones políticas. Además de cerrar el Congreso, los soldados intentaron arrestar infructuosamente a Alan García, por el temor del gobierno a que se convirtiera en el líder de la oposición.


A pesar de que seguía siendo popular en casa, Fujimori fue ampliamente criticado en el extranjero por haber abrogado la democracia. Muchos países, entre ellos los Estados Unidos, suspendieron la asistencia económica y retiraron su respaldo, poniendo así en peligro la reinserción peruana en la economía mundial de la cual dependía el plan de recuperación económica de Fujimori. En consecuencia aceptó convocar a una asamblea constituyente para que redactara la constitución y llamar a elecciones ese mismo año.

Sendero, por su lado, dio la bienvenida al autogolpe en la creencia de que la dictadura provocaría una represión estatal intensificada e indiscriminada, incrementando así la polarización del país, lo que, en última instancia, le beneficiaría. En julio desató una ofensiva. Entonces, justo cuando su jefe Abimael Guzmán preparaba aparentemente la “Operación Conquistar Lima”, fue repentinamente capturado el 12 de septiembre en una casa segura de un suburbio limeño por la policía nacional de inteligencia (DINCOTE). Aunque Fujimori se apresuró a reclamar el crédito por la captura de Guzmán, el operativo fue la culminación de una intensa labor de inteligencia efectuada desde 1990, que había puesto en la mira en apresar a la dirigencia de Sendero.

Aunque la captura de Guzmán en septiembre asestó un inmenso golpe a Sendero Luminoso, el nivel de los ataques terroristas no disminuyó de inmediato. Es más, el gobierno pronto se vio amenazado de otro lado. El 13 de noviembre, apenas unas semanas antes de que se efectuaran las elecciones a la Asamblea Constituyente, el General retirado Jaime Salinas Sedó encabezó un intento de golpe contra Fujimori. En los círculos militares también había también un considerable disgusto con Vladimiro Montesinos, el asesor de seguridad nacional de Fujimori, quien orquestó la mayor parte de las decisiones referidas al personal militar de mayor jerarquía. La captura de Guzmán dio a Fujimori un impulso significativo en el momento de las elecciones de noviembre para el Congreso Constituyente Democrático (CCD).


A pesar del creciente respaldo a Fujimori luego de la captura de Guzmán, el gobierno intentó también manipular el resultado de las elecciones de noviembre. Varios de los principales partidos de oposición, entre ellos el APRA, AP y Libertad de Vargas Llosa, se abstuvieron de participar, en tanto que Izquierda Unida y Acuerdo Socialista no lograron hacerlo porque en la elección anterior no recibieron el cinco por ciento de mínimo necesario para calificar.

Este hecho fue confirmado en el plebiscito efectuado en octubre de 1993 en torno a la nueva constitución propuesta. El CCD había terminado su tarea y producido una nueva carta constitucional que esta más que satisfactoria para Fujimori. Para empezar, ella permitía la reelección presidencial, abriéndole así el camino para postular en 1995. También, endureció las leyes antiterroristas al restablecer la pena de muerte e institucionalizar el juicio de los sospechosos de terrorismo en tribunales militares secretos. La nueva constitución que estaba a punto de presentarse en los votantes, había sido preparada a la medida del régimen fujimorista caracterizado cada vez más por su autocracia, arbitrariedad y desprecio por las instituciones cívicas. El plebiscito  fue aprobado con cincuenta y dos por ciento de los sufragios contra cuarenta y cuatro por ciento. Este fue un resultado sorprendentemente ajustado. Al parecer, el costo social de una estabilización sin la red de seguridad prometida había golpeado al gobierno, tanto en las provincias como en los pueblos jóvenes de Lima. Por otro lado, los beneficios económicos de la liberación económica habían favorecido casi de inmediato a los grupos de más altos ingresos.

Fujimori necesitaba incrementar el nivel del gasto social para aliviar los terribles sufrimientos de los pobres urbanos y rurales, que conformaban el eje de su respaldo. Afortunadamente para él, la oportunidad para revivir el gasto social estatal se presentó con las ganancias inesperadas que se materializaron repentinamente gracias al programa de privatización de les empresas estatales. A finales de 1994 el gobierno había vendido-o estaba en vías de hacerlo-la mayoría de las compañías privadas nacionalizadas durante el gobierno militar, entre 1968 y 1980.

Además de los ingresos procedentes de la privatización y el mejor arreglo del pago de la deuda, el gobierno de Fujimori fortaleció las finanzas estatales a través de una reforma tributaria. Reorganizó las Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (SUNAT), reestructuró la Superintendencia de Aduanas (SUNAD) y comenzó a revisar el código tributario, se redujo el número de tributos y se elevaron los impuestos individuales y a las propiedades. Al disponer de ingresos adecuados bajo el control creciente del ejecutivo y una economía en expansión, Fujimori pudo emprender una eficaz campaña populista para su reelección en 1995. Fujimori ahora podía manejar directa y efectivamente los programas sociales del gobierno, apuntando a áreas y  sectores específicos de la población para así alcanzar un máximo impacto político.

El FONAVI fue el responsable de un auténtico aluvión en la construcción de viviendas, colegios y postas médicas de bajo costo en los pueblos jóvenes y otros lugares. El PRONAA aceleró la distribución de raciones alimenticias que buscaban elevar el nivel de nutrición de los niños pobres.

Cuando finalmente se contaron los votos el 9 de abril de 1995, Fujimori había obtenido el sesenta y cuatro por ciento de los sufragios. Sin embargo, esta victoria aparentemente abrumadora era engañosa porque esta vez el gobierno calculó el porcentaje excluyendo, no incluyendo, el número de votos nulos o blancos. Este método incrementaba sustancialmente su porcentaje global, pues si la votación hubiese sido calculada del mismo modo que lo fue en 1990, Fujimori habría conseguido únicamente el cincuenta y dos por ciento de los sufragios. Cambio 90/Nueva Mayoría de Fujimori obtuvo una ligera mayoría de cincuenta y dos por ciento, lo que se tradujo en unas sorprendentes sesenta y siete curules de un total de ciento veinte. La campaña electoral misma estuvo ensombrecida por el breve conflicto fronterizo que estalló entre Perú y Ecuador el 26 de enero de 1995. Aunque fue firmada una declaración de paz tres semanas más tarde, el 17 de febrero, los combates causaron más de 300 bajas en ambos bandos, además de un costo conjunto de $500 millones.

A diferencia de otras ocasiones, esta vez los ecuatorianos no solamente estaban mejor equipados y preparados, sino que estaban dispuestos a combatir antes que a retirarse.

(“) Tomado de Peter F. Klarén “Nación y Sociedad en la Historia del Perú” 2004

jueves, 18 de noviembre de 2010

LECTURA: DIEZ AÑOS DESPUÉS

Faltando dos años para la transferencia del poder a los civiles, CARETAS solicitó a diez constituyentes- de diversos sectores- una reflexión sobre el gobierno militar. Publicamos extractos de sólo siete de ellos por razones de espacio. (*)

ERNESTO ALAYZA GRUNDY
¿Cómo calificaría estos diez años de gobierno militar?
Le diría que en estos diez años ha habido un intento de hacer cambios profundos, intento que, lamentablemente, no traía un programa suficientemente claro y coherente. El resultado es que no se han alcanzado las metas que se han anunciado, además, había un vicio de origen: un proceso de cambio como el propuesto requería una conducción política madura y experta y la Fuerza Armada no podía ofrecer, en lo político, estas características. Esto hace que a mi juicio el balance sea negativo.

¿Cuál cree que fue el error más discutible?
El más grande fue romper el proceso político normal del país. Una vez más la fuerza armada ha quebrado el sistema normal de renovación política, ha impedido que haya un verdadero debate en torno a los problemas del país. Ha impedido el ascenso de nuevas generaciones.

¿Hubo algo positivo?
Evidentemente. Para empezar, la transferencia de las tierras y la liquidación de la situación anterior. Se puede hacer muchas críticas a la reforma agraria, pero hay que reconocer que se ha producido sin sangre, sin violencia. Ahora viene, claro, el proceso de la organización y optimización de las empresas del campo, pero hay que admitir que el primero y difícil paso se ha cumplido. Positiva fue la nacionalización del petróleo, así como la de ciertas empresas mineras. ¿Que no se hicieron siempre de la debida forma? Cierto.

De otro lado, el Estado ha tenido que entrar a una posición de empresario. Creo que se le ha pasado la mano, pero entre el exceso y la negación había razones para que hiciera algunas de las empresas que hizo. Yo creo en la economía de mercado, pero eso no quiere decir que el Estado no pueda tener sus propias empresas

HUGO BLANCO
¿Hubo algo de bueno en estos diez años de gobierno militar?
El fracaso de la primera fase en su intento de reglamentar la penetración imperialista está mostrado en la entrega total de la segunda fase y su arrodillamiento ante el Fondo Monetario Internacional. Este es un ejemplo más del fracaso de las débiles burguesías de los países del llamado tercer mundo en sus intentos de reglamentar su servilismo frente a los poderes imperialistas.

¿Cuál es la alternativa?
Creo que en América Latina la alternativa fue mostrada por Castro. El único país que ha podido realmente independizarse de Estados Unidos ha sido Cuba, que socializó su economía.

Usted, tan vinculado al campesinado, ¿no cree que la reforma agraria fue un paso adelante?
Ha habido algo positivo: que los grandes gamonales han sido desplazados. Pero la tierra no esta en manos de los campesinos. Y si en la Convención eso sucede, aunque en forma imperfecta, es porque ahí el campesino luchó por la tierra. Pero en las zonas donde ha sido el campesinado el que ha impulsado la reforma, vemos como las seudocooperativas mantienen al campesinado sin capacidad de decidir. Ahí quien manda es un señor ingeniero. No es extraño que muchos campesinos luchen contra la cooperativa, como ha sucedido en Antapampa.


JAVIER DIEZ CANSECO
A diez años del gobierno militar, ¿qué es lo que queda, a su juicio, de toda esta experiencia?
En primer lugar, estos diez años significaban el fracaso de la política de un sector de la burguesía nacional, reformista, estrechamente vinculada al imperialismo e incapaz de viabilizar un proyecto burgués nacional como los proyectos de la burguesía europea. En segundo lugar, significan también la acumulación de un conjunto de atropellos y de actos lesivos a los intereses de las grandes mayorías nacionales y a la soberanía nacional, actos que se expresaron, por un lado, con un intento de corporativización del movimiento popular en el terreno sindical obrero, o en el terreno gremial campesino. Y en ambos casos se ha culminado con un rotundo fracaso: la CTRP y la CNA han terminado independizándose de la dictadura militar. Actos lesivos a la soberanía, porque el país se encuentra hoy más estrangulado que nunca por la banca imperialista y los organismos financieros internacionales. En tercer lugar, estos diez años significan una experiencia de indudable valor para el movimiento popular.

¿No hubo nada, absolutamente nada positivo, nada bien intencionado?
González Prada decía que las revoluciones se miden por sus frutos y no por lo que predicaron como objetivos.

¿Ni la reforma agraria?
Para nosotros, la reforma agraria no ha entregado la tierra al campesinado. Quienes han recibido tierras, desplazando efectivamente a los conductores terratenientes o grandes burgueses agrarios, han sido empresas estatales, manejadas por otra fracción de la burguesía. Si se quisiera encontrar algo positivo habría que decir que la dictadura miliar ha acelerado la sustitución de la hegemonía de los sectores oligárquicos, y secundariamente terratenientes, por una hegemonía más depuradamente burguesa, más vinculada a la burguesía industrial y financiera, que es la beneficiaria del proceso…

LUIS NEGREIROS
¿Cómo calificaría esta década de gobierno militar?
De frustración. Los objetivos del gobierno no se cumplieron, el gobierno ha fracasado.

¿A pesar de que esos objetivos asumían propósitos del Apra?
Los enunciados son una cosa; los resultados otra. Estamos viviendo una crisis política, financiera y económica muy honda. Y la política se mide por resultados.

¿Usted cree que la reforma agraria ha sido también un fracaso?
Si. En primer lugar, porque hay un 50% del campesinado que no tiene tierras. De otro lado, las empresas asociativas no han significado en la mayor parte de casos una mejora en el nivel de vida del campesino. Por otra parte, la baja de la producción y de la productividad.

¿Todo fue malo?
No. Hubo cambios importantes que, lamentablemente, por una defectuosa metodología, por ausencia de una ideología definida, no arribaron a resultados que todos deseábamos.

La reforma de la educación tiene una serie de principios plenamente válidos. Pero ¿en manos de quienes ha estado? Quienes han dirigido efectivamente la política educativa del régimen han demostrado incompetencia. Otro ejemplo: el enunciado de la comunidad laboral es positivo; pero fueron los sectores comunistas, alentados por el gobierno y quienes no pueden creer en la coparticipación, los que bloquearon este ensayo.

JAVIER ORTIZ DE ZEVALLOS
¿Cuál es, para Usted, el balance de estos diez años?
Yo llegué a pensar: quizás los equivocados somos nosotros. Quizás nosotros éramos los ciegos, los que no queríamos caminar, los tímidos. Pero el resultado ya lo estamos viendo: ¡la razón la teníamos nosotros!

¿Cuál cree que fue el peor error?
Que se impidiera la fiscalización de la prensa, ya que no había parlamento. Culpa fue también de los periódicos, que no dieron la gran batalla. Claro que ellos esperaban, como todos nosotros, lo que podía hacer el gobierno. Esperaban, a ver si esto era la maravilla. Si hubiera sido la maravilla, no habríamos actuado más en lo político, habríamos sido totalmente superados.

¿Hubo algo positivo, sin embargo?
Se hicieron cosas que debieron ser buenas. La reforma agraria, que todos los sectores más o menos preconizaban, pudo hacerse de manera que se fortaleciera el campo. Hoy, por ejemplo, el Perú es el menor consumidor de fertilizantes de los países del Pacto Andino. Lo que pasó es que las cosas se hicieron con mucha demagogia. Pienso en esa frase “el patrón no comerá más de tu pobreza”, que se la atribuyeron a Túpac Amaru. Falso. Esa frase no existe. En todo caso, nunca la pronunció Túpac Amaru.

¿Es que no hay nada rescatable en la reforma agraria?
Claro que si. Creo que lo mejor fue que se acabara el latifundismo. Ese fue un punto a favor. Ahora lo que hay que hacer es reactivar el campo, a partir de la realidad, a partir de lo hecho.

ALBERTO RUIZ ELDREDGE
En el común de la gente hay un sentimiento de frustración y fracaso respecto a estos últimos diez años ¿A qué cree que se debe esto?
Yo no hablaría del común de la gente. Hablemos de cierta capa social alta o media. Si habláramos del común de la gente tendríamos que ir al campo. He estado con dirigentes campesinos y entre ellos, al contrario, hay un recuerdo cariñoso y una añoranza de los primeros años del proceso revolucionario. Es que no se puede negar que en ese periodo no sólo se realizaron reformas importantes sino que el pueblo fue por primera vez protagonista y presencia activa en el panorama político.

¿Cómo se condice esa frase sobre el supuesto apoyo popular a la reformas con el hecho de que ustedes, por ejemplo, hayan obtenido el 6% de los votos en las últimas elecciones?
Perdone, quiero aclararle algo. Hay una etapa que va de 1968 a 1975, en la que se mantiene al tope el proceso revolucionario –con sus errores, que hay que reconocer. De esa época a aquí hay una decadencia, un cierto desmantelamiento.

¿No cree que esa decadencia se deba principalmente a la crisis económica engendrada en la primera fase?
Yo creo que más que económica es crisis financiera, y sobre todo política: de decisiones políticas. El Perú tiene potencial económico. Tiene 550 millones de barriles de petróleo cubicados, que tienen un valor estimado de 7 500 millones de dólares. El Perú ha duplicado su producción de cobre. La crisis hay que analizarla bien, lo mismo que la deuda. A diciembre de 1974 la deuda externa sumaba sólo 1 444 millones de dólares. Ahora se estima en alrededor de los 8 000 millones. Pero hay que ver lo que eso significa en toda la serie de obras públicas: las minas de cobre, las refinerías, Majes, Bayóvar, el oleoducto, los reservorios de Piura, la irrigación del Chira-Piura.

Usted dijo que la revolución había cometido errores. ¿Qué errores?
Creo que el pueblo debió tener una participación mayor. El pueblo pudo impedir errores, como las deportaciones, por ejemplo. Ese fue el error principal. En materia de economía hubo una política muy conservadora. Si hubiera sido una política más acorde con un proceso revolucionario, se hubiera avanzado más.

JAVIER VALLE RIESTRA
Sedimentadas las pasiones y con perspectiva histórica, ¿Qué han significado para el país estos diez años?
Tendríamos que repetir lo que dijimos en medio de la pasión: que este gobierno ha significado un descalabro para el país. Las revoluciones se miden no por las palabras sino por los resultados. Y los resultados son: un pueblo que decrece económicamente, una desocupación del 50%, una crisis moral sin precedentes. Así que no veo por qué tenemos que elogiar nada ni aceptar el engreimiento de los militares, que pretenden que se institucionalice el descalabro.

¿No hubo nada rescatable, nada positivo en estos diez años?
Tendría que simular una posición que no es la mía. ¿En qué terreno debe ser defendido el régimen militar? Se dice que hizo la reforma agraria. La hizo, muy bien: ¿pero a qué precio?, ¿ha mejorado la situación del campesino? La reforma agraria hecha al amparo de las bayonetas ha significado una crisis en el campo, la militarización del campo…

¿Ni siquiera obra física, ni siquiera Majes, oleoducto, Poechos…?
Ya sabemos que el oleoducto es una obra faraónica. Todos estos gobiernos nacionalistas castrenses se han caracterizado por su deseo de grandeza. Un ministro del régimen ha dicho que las reservas de petróleo no duraran sino hasta 1982, con lo que el oleoducto deja de ser rentable.

(*) Tomado de "Caretas" Dossier sobre 50 años de historia nacional. 2002

EL ONCENIO DE LEGUIA

EL ONCENIO DE LEGUÍA


CON COLOMBIA SALOMON – LOZANO (1922)
  • Tratado de límites firmado en que puso fin a un litigio territorial de casi un siglo entre Colombia y Perú.
  • Este tratado fue aprobado por los congresos de las os naciones, ratificado por los presidentes de ambos países, canjeadas sus ratificaciones en el mismo año.
  • El tratado fue obra del Plenipotenciario de Colombia, Fabio Lozano Torrijos, y el Plenipotenciario de Perú, Alberto Salomón.
  • Este tratado fue puesto en secreto, se afirma que Leguía lo aprobó con la intención de tener el apoyo de USA para recuperar Tacna y Arica.
  • Según la historiografía peruana, el Perú cedió a Colombia toda la franja de 100.000 km2 de territorio entre el río Caquetá y el río Putumayo, le pertenecía por el utis possidetis iure de 1802, en donde inclusive se había fundado asentamientos; el tratado incluyó una porción entre el Putumayo y el Amazonas llamado trapecio amazónico”  con el único fin de otorgar a Colombia una salida propia al Amazonas.
TRATADO DE LIMA (1929)
  •     Es un pacto firmado el 3 de junio de 1929 en Lima entre Chile y Perú, que pone fin a la controversia de la soberanía de las provincias de Tacna y Arica con la reincorporación de la provincia de Tacna al Perú, en tanto que la de Arica quedaba en poder de Chile, comprometiéndose este último a pagar al Perú una indemnización de seis millones de dólares estadounidenses. Fija además la línea de la Concordia como el límite fronterizo terrestre entre ambos países y la entrega a favor del Perú en Arica del un muelle en Arica y del ferrocarril Tacna – Arica.
  •   El Perú pide garantías para los plebiscitarios peruanos ante la campaña de chilenización en Tacna y Arica.
  •   USA era el garante del plebiscito, pero ante esta situación Pershing decide no avalar el plebiscito y pide su renuncia en 1926, siendo reemplazado por William Lassiter. El general Lassiter arriba a la zona el 1 de febrero de 1926. Pero pasado un tiempo se volverá a formar una nueva comisión, pero ésta también tuvo problemas. 
  •    Finalmente Leguía y Figueroa concuerdan en la división territorial Tacna para el Perú y Arica para Chile. Figueroa argumentaba que Arica tenía mayor simpatía por Chile, mientras que Tacna era fiel al Perú. La nueva línea divisoria entregaría parte de la provincia de Tacna a Chile.
  •   Chile retenía Arica y una extensión de 15.351 Km2 y el Perú recuperaba Tacna y una extensión de 8.678 km² junto a Tarata con una extensión de 980 km².

ASPECTOS POLÍTICOS
EL ONCENIO DE LEGUIA

ACONTECIMIENTOS RESALTANTES
  •   Promulgó la constitución de 1920 y luego la reforma constitucional que permitía la reelección, en 1924. Fue elegido en elecciones sin ninguna garantía. Al término de este nuevo periodo en 1929 hizo reformar otra vez la Constitución y fue elegido en elecciones fraudulentas.
  •   En 1920, se dicta la ley de Conscripción Vial que obligaba a todos los hombres de 18 a 60 años de edad a trabajar gratuitamente por espacio de 6 a 12 días al año, en la construcción y apertura de carreteras[. La misma que afectó básicamente a la población indígena, pues fueron ellos quienes efectivamente cumplieron el servicio obligatorio.
  •   Se realizaron empréstitos de la banca y capitalistas Norteamericanas, para diferentes obras publicas. Los banqueros americanos no solo aseguraron sus intereses sino que exigieron la participación en los negocios públicos.
  •    Se inició la construcción del terminal marítimo del Callao.
  •    Se finalizó la construcción de la plaza San Martín .
  •    Se construyó el Palacio Arzobispal, Palacio de Justicia y el Palacio de Gobierno .
  •    Se inician los trabajos de edificación de las avenida Leguía (hoy Arequipa), el Progreso (hoy Venezuela), Nicolás de Piérola, La Unión (hoy avenida Argentina); todas en la ciudad de Lima.
  •   Se construyó el Parque de Reserva.
  •   Se creó la escuela de la Guardia Civil y Policía (1919).
  •   Las imprentas del diario "El Comercio" y "La Prensa" fueron asaltados y luego la prensa confiscados, acabando prácticamente con la libertad de expresión. Barrió con la oposición en el parlamento, que la hizo sumiso a sus mandatos.
  •   Acabó con las municipalidades elegidas por voto popular para reemplazarlas por personal designadas por el gobierno.
  •   Se fomentó la inmigración japonesa.
  •   Hacia el final de su gobierno primeros partidos políticos de masas en el Perú: encabezados por José Carlos Mariátegui (socialismo) y Víctor Raúl Haya de la Torre (APRA). Ambos fueron deportados por el gobierno por sus labores proselitistas.
Los Partidos políticos de masas
Haya de la Torre y el APRA
  • Como movimiento político latinoamericano se considera el 7 de mayo de 1924, en un acto en el cual Haya de la Torre, cercano colaborador del político y educador mexicano José Vasconcelos entrega a la Federación de Estudiantes de México la bandera indoamericana como la fundación oficial del APRA, (Alianza Popular Revolucionaria Americana).
  •   La formulación de sus principios formulada en los 5 puntos del APRA, en la creación de un Frente Único latinoamericano:
      1. Acción contra todo imperialismo
      2. Por la Unidad Política y Económica de América Latina
      3. Por la nacionalización progresiva de tierras e industrias.
      4. Por la internacionalización del Canal de Panamá  y
      5. Por la solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidas del mundo.
  • La primera célula aprista se crea en 1927 en París. Finalmente el 20 de septiembre de 1930 se fundó el "Partido Aprista Peruano”.
Mariátegui y el PSP
  • Viajó por Europa gracias a una beca - deportación. En Italia se casó con Ana Chiappe y estuvo presente durante la ocupación de las fábricas en Turín, así como en el Congreso del Partido Socialista Italiano, donde se produce la escisión histórica y se conforma el Partido Comunista Italiano. Durante su estadía en Italia forma parte de círculos de estudio del Partido Socialista Italiano, asume el marxismo como método de estudio.

  • En 1923 regresa a Lima. Retoma el contacto con Víctor Raúl Haya de la Torre. En 1926   fundó la revista Amauta.
  • En 1928  rompe con Haya de la Torre y funda el Partido Socialista Peruano. Durante el mismo periodo, funda la revista proletaria Labor y los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana.
  •   En 1929 funda la Confederación General de Trabajadores del Perú.
  •   Entres sus postulados principales define al país como semifeudal y semicolonial; la transformación del país pasa por la formación de un frente campesino, obrero, clase media, bajo la dirección del proletariado.
ACTIVIDAD
Luego de evidenciar el documental desarrolla lo siguiente:
  1. Cuáles son las similitudes y diferencias entre la vida de Haya de la Torre y Mariátegui
  2. A raíz de qué se produce la ruptura entre ambos personajes
  3. Cuáles  crees que son los aportes que han dado para el desarrollo de las ideas en el país.